A través del cine, hemos podido observar en un sinfín de películas de todas las épocas, cómo se ha intentado reflejar la labor y actitud del periodista y los medios de comunicación desde todas sus perspectivas. Empezando por Ciudadano Kane, película dirigida por Orson Wells en la que se intenta reflejar el papel de la prensa amarilla, pasando por Truman Capote y su visión del reportaje/ficción, o Todos los hombres del presidente, basada en el caso Watergates, en la que se muestra la labor del periodismo de investigación a través de dos periodistas americanos, que destapan un caso de corrupción en la Casa Blanca y consiguen la dimisión del presidente.
En El Show de Truman (1998), se lleva a cabo una reflexión sobre la manipulación que ejercen los medios de comunicación, y lo lejos que están dispuestos a llegar para obtener beneficios. La historia de la película transcurre en un enorme plató de televisión en el que el protagonista, Truman, vive una vida ficticia que es emitida permanentemente en u reality show por la televisión. Rodeado de actores que simulan ser sus amigos, familia o compañeros de trabajo, en la película Truman comienza a darse cuenta de que todo es un engaño, y emprende su huida para escapar de allí y buscar la verdad. Esta particular visión de los medios de comunicación reflejada en la película nos puede parecer un tanto exagerada, pero la realidad es que cada vez existen más programas de este tipo. Desde que apareciera Gran Hermano, el número de realitis no ha parado de crecer.
Gente encerrada en una casa, familias en una granja, personas en una isla desierta, o dentro de un autobús por poner algunos ejemplos. Los escenarios pueden ser muy variados, pero todos los programas tienen unas características comunes: el control que existe en todo momento por medio de montones de cámaras y micrófonos, y la manipulación que se ejerce sobre los personajes en cuestión por parte de los creadores de dicho espectáculo. Como en la película de Truman, los productores no dudan en ejercer todo tipo de artimañas y manipulaciones con el fin de mantener contenta y entretenida a una audiencia sedienta de espectáculo morboso para obtener así, la mayor audiencia y repercusión posible y aumentar sus beneficios al máximo. El debate se disparó hace unos meses cuando Jade Goody, una ganadora del Gran Hermano británico decidió vender sus últimos días de vida al mejor postor tras descubrir que tenía cáncer Terminal con el fin de asegurar económicamente el futuro de sus hijos. Esto ha generado una gran polémica, y ha dejado una serie de preguntas en el aire: ¿Se deben permitir este tipo de prácticas que comercian con la vida y muerte de las personas? ¿Hasta donde están dispuestos a llegar los medios de comunicación con el fin de aumentar sus beneficios?
No debemos olvidar que ante todo detrás de los grandes medios hay grandes empresas cuyo objetivo principal es conseguir la máxima rentabilidad de su trabajo, sin que importe demasiado la manera de hacerlo.