Detrás de un aspecto poco cuidado se suele esconder la figura de un ‘don nadie’ al que le gusta versar acerca de los vaivenes de la actualidad del momento. La figura del periodista en el mundo del cine ha tenido numerosas interpretaciones, pero siempre con tópicos que se repiten a lo largo de horas de producción cinematográfica.
Así, en primer lugar, lo que destaca de la presencia de este tipo de profesional en la gran pantalla es su enorme afán de lucha, de debate con la propia realidad. Su trabajo lo lleva a la búsqueda constante de la verdad absoluta, para ser transmitida posteriormente a los ciudadanos que formarán el público. De una forma o de otra, la mesa de trabajo del periodista aparece siempre repleta de folios, escritos o en blanco, lo mismo da, en el que el protagonista se sumerge para contrastar, explicar y desarrollar cualquier tipo de acontecimiento o análisis publicable.
Bien es cierto que se ofrece una visión un tanto escéptica de lo que puede suponer la capacidad de organización del mismo. No hace falta tener un cociente intelectual por encima de la media para saber que no es una regla general ni una necesidad básica para poder formarse como tal. El problema reside, claramente, en el momento de transportar el sentimiento de estrés del que se inundan las redacciones de cualquier medio a lo que va a ser la producción fílmica final.
Realmente, las áreas de trabajo de un profesional de los medios de comunicación deben ser dinámicas, con faxes pitando, teléfonos sonando y notas de prensa llegando a cada momento, puesto que de ahí estriba en gran parte, la cantidad y sobre todo, la calidad de la información que posteriormente se vaya a publicar. Bien cierto es que, por su estructura, el horario de un periodista nunca va a ser el de un funcionario, puesto que dependiendo de la cantidad de hechos y datos relevantes, el trabajo de ‘a pie’ del redactor será mayor o menor.
La ventaja más elegante, la cual sí aparece bien representada en el cine es el despertar de éste, que no suele ser muy temprano, ajustándose a las necesidades del día. Por otra parte, la constancia del trabajo periodístico también llega a nuestras retinas de una forma leal, al presentar a un señor que no trabaja por franjas horarias ni a tiempo partido, sino que hasta que no termine de elaborar su redacción y su posterior maquetación para encajarla en el tipo de medio, éste no podrá desistir de su trabajo. Por mucho que piten las alarmas, el trabajo es el trabajo.
